Halloween

Hoy es 31 de octubre, noche de muertos o la popular noche llamada de Halloween  que ahora tanto se celebra. A mí no me gusta nada, pero mi jefe se ha empeñado en que todos los trabajadores vayamos a una fiesta de disfraces en una mansión a las afueras de la ciudad. Habrá comida, alcohol, chicas y todo corre de su cuenta , así que…¿ Cómo negarme?

Solo hay una condición: ir disfrazado.

Aunque la idea no me entusiasma mucho, sin embargo, he elegido un disfraz que creo me puede abrir muchas puertas.

He decidido ir de vampiro, así que me he enfrascado en unos pantalones vaqueros negros bien ajustados, una camiseta blanca que deja entrever mis trabajados pectorales y una chupa de cuero con cadenas que me hagan parecer un tipo duro.

He echado sobre mi cara un montón de pintura blanca  y puesto bajo mis ojos un poco de negro para que se agudicen mis ojeras de muerto. He estirado mi pelo engominado hacia atrás y no podía faltar una dentadura para mostrar mis colmillos llegado el momento. 

¡ Listo para que empiece la fiesta!

Llego a la mansión privada con mi muy a juego porche negro deportivo dispuesto a ir de caza.

El evento ya estaba muy animado, como yo me temía, lo suficiente para poder apreciar en un instante donde estaba el grupito de jóvenes vampiros y  vampiresas a los que estaba dispuesto a seducir.

Enseguida, como no podía ser de otra manera, notaron mi presencia y una de ellas, la líder, se dirigió hacia mí contorneándose en sus justas caderas que se podían intuir bajo un corsé negro con cordones rojos, ceñido al extremo para que sus pechos se mantuvieran en el lugar justo donde podías ver entre ellos una cruz desafiante.

– ¡Hola guapetón! ¿ quieres que te acompañemos en esta velada?
– ¡Hola preciosa! Solo si me dices tu nombre.

– Hoy seré para ti Dru. ¿ y tú?

En ese momento me quedé en blanco, ¡qué tonto! no había pensado en ningún nombre, ¡qué fallo! Entonces recordé alguna crónica vampírica y le conteste:

– Hoy seré para ti, tu Láser.

La chica de largas piernas y mirada penetrante se giró y me hizo un gesto para que la siguiera . El disfraz que llevaba le llegaba hasta los pies, era negro con la espalda descubierta para que todos viéramos que no llevaba sujetador , aunque los brazos estaban cubiertos hasta las muñecas con detalles rojos que contrastaban con el resto del atuendo y hacían juego con sus labios.

Tenía una melena negra como el azabache y tan larga que la dejaba caer entre sus pechos como si fuera un gesto inocente.

Llegamos al lugar donde estaban sentados el resto de vampiros,  y todos me dieron la bienvenida alegremente mientras me alargaban una copa cuyo interior parecía colmado de sangre. Les hice un gesto de agradecimiento y eché un trago. No sabía qué demonios era eso pero estaba dulce y muy bueno.

Me dijeron que era un coctel de la casa al que hoy habían bautizado como Sangre de Mortal.

Bebimos hasta que el cuerpo se encontraba en el estado en el que te ves capaz de todo y sin importarte nada como los inmortales vampiros. Yo vi que el grupo se hacían una señal entre ellos y cuando quise darme cuenta me encontraba a solas con Dru.

Ella acercó sus labios cerca de mi cara y susurrándome en el oído me dijo que si me lo estaba pasando bien. Yo le dije que sí con la voz entrecortada y entonces ella me dio un beso lento y húmedo que se fue transformando poco a poco en apasionante y brusco. De repente paró y me planteó un reto: 

«Si quieres vivir una experiencia que no olvidarás, ven conmigo y te la mostraré, pero te advierto que tu mente debe estar abierta a un abanico de posibilidades. Yo te aseguro que será placentera si eres capaz de no pensar y dejarte llevar. Seguramente te sorprendas a ti mismo y descubras placeres prohibidos que ni siquiera te habrías planteado, ¿ qué me dices, aceptas?

Después de ese beso apasionado con el que mi miembro ya había empezado a espabilarse, ¿ Cómo podía negarme? Le dije que sí sin balbucear, entonces salimos de la casa y me llevó a una nave que había dentro del mismo recinto. Parecía cerrada, pero Dru encontró una pequeña puerta por la que nos pudimos colar y cerró rápidamente.

Todo estaba oscuro y sin que me diera cuenta empezó a besarme de forma apasionada y sin límite. Yo quería fundirme con ella pero paró y me dijo que aquello solo acababa de empezar, que si realmente quería experimentar tenía que prender las luces y observar bien todo lo que había a mi alrededor.

De repente, tocó lo que parecían unas palancas y se hizo la luz, por decir algo.

No era una luz viva y fuerte sino que entre la luz se apreciaba una especie de niebla que le otorgaba al lugar un aspecto tétrico, tenebroso y prohibido.

Era una nave amplia y de techo alto, pero vi como colgaban de él unas largas cadenas terminadas en lo que parecía una especie de brazalete y junto a ellas argollas sujetas en el suelo, pero ahí no terminada todo. Ése espacio solo era el centro de la sala. Estaba rodeado de una docena de ataúdes en pie de los que parecía que en cualquier momento podría salir alguien.

Dru se me acercó y me sentó en una silla con reposabrazos de los que colgaban anchas y gruesas correas de piel. Entonces me preguntó: 

– ¿ Asustado?

– Yo con la fama de guaperas mujeriego que tenía respondí que si quería, podía darle algunas ideas para que el ambiente estuviera más logrado.

Ella sonrió acercándose a mí y grito: ¡ Pandora!

De repente, otra de las chicas que estaban sentadas con el grupo apareció y Dru le dijo que ya podía empezar.

Yo no tenía ni idea de lo que estaban hablando pero entonces las luces se apagaron y fueron apareciendo pequeños puntos de luz , antorchas que Pandora empezó a encender. La primera de ellas estaba muy cerca a nosotros y de repente la otra chica se fue alejando.

Dru me miraba de frente con ojos lascivos y penetrantes y entonces se puso encima de mí abriendo sus piernas pero apoyándose sobre sus rodillas para no sentir mi miembro aún. Mientras nos besábamos apasionadamente yo intentaba acercar sus caderas a mi pene que ya pedía ser atendido, pero ella me cogió las manos y puso mis brazos sobre el reposabrazos para agarrármelos con las correas.

Una vez sentado e inmovilizado, ella se puso frente a mí y se quitó el vestido.

Bajo la tenue luz que llegaba, pude observar con toda claridad que llevaba un liguero negro, según ella, para caracterizar más  el momento.

Yo veía frente a mí un cuerpo prieto con las curvas oportunas y unos pechos preparados para calmar mi sed. Poco a poco fue quitándoselo todo hasta quedarse completamente desnuda y se acercó a mí. Acercó su boca a la mía en lo que yo pensaba que iba a ser otro beso apasionado pero justo en el instante en el que iban a juntarse nuestro labios se apartó. Me dejó desnudo de cintura para abajo con fuerza y rapidez y vio mi miembro erecto con las venas a punto de estallar, se acercó y empezó a soplarme como si aquello pudiera aliviar algo el deseo que corría por mis venas.

Al fin se posó sobre mí e hizo el amago de que iba a estar dentro de ella, pero acercó su boca a mi oreja mientras rozaba su sexo con el mío y me susurró: » aguanta Láser, esto no ha hecho más que empezar, ¿ crees que no te puedes excitar más? Me dio otro beso apasionado , se alejo y grito: ¡Pandora!

– Sí, Dru.

– Ya podemos empezar.

– Enseñémosle a Láser la primera de sus fantasías.

– Lo estoy deseando.

Entonces las dos mujeres se fundieron en un beso que parecía no acabar nunca. Yo las tenía justo frente a mí, de perfil y pude observar como Dru acercaba su cadera a la de Pandora y ésta respondía con presión, agarrando a Dru del culo con fuerza. Entonces Pandora la apartó y fue desabrochándose lentamente su corsé  mientras dejaba al descubierto sus prietos y firmes pechos a la vista de Dru quien la ayudó a que el resto del vestido resbalara sutilmente por sus piernas hasta el suelo.

Dru la miraba con ojos de deseo y yo quería quitarme esas correas para acabar con mi suplicio aunque fuera yo solo. Entonces se acercaron más a mí y vi cómo juntaban sus sexos y se movían. De repente, pararon y se acercaron para abrir mis piernas  y que  Pandora colocara a Dru sobre mis rodillas con las piernas abiertas pero enredando sus pies entre las mías.

Yo quería acercar a Dru hacia mi miembro pero no podía y supliqué que me quitaran las correas, pero Pandora se acercó con sus bellos pechos y empezó a rozarse con el sexo de Dru.

Yo podía notar la presión que Pandora hacia sobre Dru y como ésta utilizaba mis piernas para poder responder. Pensaba que me corría sin que ninguna de las dos me tocara, sintiendo el  vaivén de las dos sobre mí.

De repente pararon, Pandora se puso detrás de la silla, Dru se dio la vuelta y me susurró en el oído : «Te está gustando, ¿verdad?

Antes de que pudiera contestar, entré dentro de ella con movimientos rápidos y fuertes. Sus pechos tocaban mi cara pero además me vi envuelto también con los de Pandora que estaba detrás.  

Dru gemía y yo con ella hasta que nos fundimos en el gemido que mostraba que los dos habíamos llegado al clímax. Entonces vi los ojos de Dru penetrantes y pícaros pero no se dirigían a mí, sino a Pandora.

Dru se bajó de mi regazo y vi como frente a mí ponía a Pandora a cuatro patas, le abría las nalgas y ella acercaba su sexo húmedo e impregnado de mi semen hasta que tras abrirse la apretó contra sí para que Pandora sintiera la esencia de los dos bajo el movimiento de Dru.

Yo no podía creer lo que estaba viendo y mi miembro que ya había llegado al clímax parecía que estaba empezando a ponerse en marcha de nuevo.

Justo cuando las dos se dieron cuenta de ello gritaron al unísono: ¿ Ángeles?

De repente, entre  la oscuridad y el humo de la habitación pude diferenciar dos sombras que correspondían a dos tipos que estaban sentados con nosotros al inicio de la noche.

Los dos se acercaron a mí, uno por cada lado, y poco a poco, me fueron quitando las correas que ataban mis manos a la silla diciéndome al mismo tiempo que no me preocupara, que estaba en buenas manos, que tenía que confiar y que si todavía estaba abierto a cualquier posibilidad.

En ese momento si alguien me lo estuviera contando, seguramente habría pensado que me iban a faltar pies para correr.

Sin embargo, me parecieron tan sinceros y honestos que una sensación nueva y excitante sentí en mi interior, como un fuego que estaba escondido y que nunca se había prendido. No sabía muy bien qué era, pero me dejé llevar por esos hombres musculosos y vestidos de vampiro como yo lo había estado hacía un rato. Me ofrecieron una copa de » Sangre de Mortales» para seguir con la experiencia y calmar mi sed. Cuando me acabé la copa los dos hombres se miraron, sonrieron, me quitaron la camiseta  y me preguntaron: ¿ Preparado? A lo que yo contesté sin dudar, que sí.

Entre los dos me llevaron al centro de la sala y vi como uno de ellos agarraba las correas que colgaban del techo con las cadenas  y las preparaba para mí.

Mientras me colgaban de las manos vi como Pandora y Dru estaban tumbadas en el suelo sobre una alfombra roja y  mullida, una encima de la otra gimiendo ambas como si fuera la primera vez que lo hacían en la noche.

Al ver esa escena mi cuerpo se tensó y me quedé de pie con mi miembro erecto nuevamente esperando a que alguna de ellas se acercara otra vez.

De repente, Dru se acercó y pude lamerle los pechos y morderles los pezones mientras uno de los hombres nos miraba, pero entonces, Dru me susurró: sigue disfrutando de la segunda fantasía que ni siquiera sabías que tenías, y se marchó.

Al abrir los ojos pude ver como Pandora estaba a cuatro patas y el otro Ángel la envestía primero lentamente, sin prisa, y me fijé en el movimiento del colgante en forma de cruz que como Dru, Pandora llevaba colgado del cuello mientras en algunas de las envestidas, gemía. Al escuchar su compañero esto, empezó a moverse cada vez más rápido, gimiendo él también.

Yo no podía aguantar más la escena que estaba viendo ,quería suplir la necesidad que tenía ya y entonces deseé, sin darme cuenta, que el Ángel que momentos antes me había colgado del techo, colmara mis deseos.

Pareció que me leía el pensamiento como hacen los vampiros y se puso frente a mí. Una fuerza en mi interior me llevó a besarle y a acercar mi miembro al suyo que también noté erecto y hermoso. Entonces, se agachó,  agarró mis muslos con fuerza para que no me pudiera mover y solo con la punta de la lengua me acarició el glande, acercándola y quitándola, acercándola y quitándola.

Yo no podía más, quería que entrara en su boca de una vez y que se dejara de juegos. En ese mismo momento, se me escapó un gemido que no se apreció porque oí al unísono los gemidos de Pandora y su Ángel.

Vi aparecer a Dru en la lejanía y grité su nombre para que ella apagara el fuego de mi miembro, pero no me escuchó. Hacía señales a otros dos Ángeles que iban a ocupar el lugar de la pareja ya  complacida.

Entonces, Ángel complacido miró al que estaba a mi lado y entre los dos me liberaron de las cadenas para volverme a hacer prisionero en las argollas que había en el suelo, quedándome de rodillas con mi pene erecto.

Yo no podía aguantar más y miré al frente y vi como la nueva pareja de Ángeles estaban ya a lo suyo: uno de rodillas y el otro detrás envistiéndole con fuerza al ritmo que su compañero gemía entre el dolor y el placer.

Al ver esa escena, pensé en el suplicio que yo estaba pasando por no llegar al clímax. Envidié el placer que estaban sintiendo y lo quise para mí y , nuevamente, como si mi Ángel me leyera el pensamiento, me penetró por detrás sin darme cuenta. Estaba tan abierto e inmerso en la escena que tenía frente a mí, que cuando lo sentí dentro, gemí como nunca lo había hecho. Fue un placer desconocido, pero al no poder entrar yo , la penetración fue como la respuesta a mis deseos.

Al escuchar mi Ángel mi gemido, éste siguió suave y lento hasta que le pedí que no parara. Tenía frente a mí, la imagen que estaba viviendo en mis propias carnes y le volví a pedir que siguiera,  gritando de placer.  Entonces sus movimientos fueron rápidos y rítmicos hasta que los cuatro llegamos al clímax casi al mismo tiempo.

La experiencia fue brutal y enormemente placentera pero ahí seguía yo con mi pene erecto y pensando ya en el dolor de testículos que tendría en breve. Sin embargo, pude observar a la pareja que tenía justo enfrente y vi como el Ángel arrodillado se daba la vuelta y el que estaba en pie, ahora se acercaba al miembro de su compañero y lo introducía en su boca sin pensar , ayudándose de sus fuertes y grandes manos que sentían el miembro vigoroso bajo ellas y con lo que aseguraba darle más placer a su compañero.

Mi pene volvía a tener las venas a punto de estallar, me di la vuelta y me encontré con los ojos de mi Ángel que me miraba con deseo y esperando una respuesta. Entonces suspiré y me tumbé esperando que hubiera entendido el gesto.

De repente, noté unos labios carnosos que succionaban mi miembro y una lengua que se movía arriba y abajo pero sin separar la boca de mi pene erecto. Ni yo sabía cómo lo estaba haciendo,  pero de poco me importaba ya, en unos instantes sentí que me corría en su boca y él lo sabía. Cuando se aseguró de tenerlo dentro de ella, la aparto de mi miembro ya relajado y me enseñó la lengua para que viera lo que había compartido con él. Entonces con mirada pícara  cerró la boca y se lo tragó.

CONTENIDO PARA ADULTOS

Advertencia, éste sitio contiene material sexual sólo para mayores de edad, si entras, estás de acuerdo con los términos y condiciones de uso.

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